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El proyecto minero en Jericó y las diferentes visiones

El proyecto minero Quebradona de la compañía AngloGold Ashanti busca explotar la actividad en el municipio de Jericó, en el suroeste antioqueño, donde el trabajo sería una alternativa viable, responsable y efectiva.

La observación está contenida en el texto “Propuesta para una visión compartida sobre la minería en Antioquia”, elaborado por el capítulo seccional del Grupo de Diálogo Sobre Minería en Colombia (GDIAM), que aunque no hace referencia directa a la iniciativa ubicada en Jericó, recoge el consenso del sector privado en el sentido de aprovechar los recursos de cobre detectados en la zona.

Claudia Jiménez, directora del GDIAM, asegura que las soluciones se logran mediante el diálogo social. “El mensaje para Jericó es que discuta con argumentos sólidos, técnicos, científicos y exponiendo las preocupaciones reales que tenga la comunidad, y teniendo en cuenta los estándares que aplica una empresa minera de gran escala. La solución debe construirse entre todos”.

A su turno, el presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), Juan Camilo Nariño, se declara optimista frente a lo que socialmente va a significar el proyecto. “La manera en la que está diseñado va a representar una construcción colectiva y sólida de un mejor futuro para los jericoanos, en los aspectos laboral o de medio ambiente”.

El dirigente también sostiene que la mejor manera de respaldar el desarrollo minero es mediante un diálogo constructivo, que aleje las posiciones ideológicas y políticas frente al avance del mismo.

La minería sí genera empleo y salarios

Para Eduardo Chaparro, experto y asesor en minería, un aspecto que poco se cuestiona en este caso es la dotación natural del territorio.

“Una mina se construye en donde se da la ocurrencia natural de un yacimiento, es decir donde la naturaleza generó un depósito de minerales que puede ser explotado, nadie hace minería donde no hay minerales, y en el municipio de Jericó, luego de un proceso detallado de exploración se identificó, el volumen, la cantidad y la geometría de un yacimiento, nadie de manera artificial lo llevó allí”, declara.

Igualmente, precisa que la información aportada por el interesado en la construcción de la mina constituye un respaldo para la comunidad y debe ser considerada como un compromiso público y oficial del inversionista en cuanto a generación de empleo, de ingresos fiscales y de desarrollo local, es decir si al construirse el proyecto, no se satisfacen esas metas de logros económicos y aportes subsecuentes, se podrá condenar al oferente por incumplido, pero no antes.

“Sostener, como lo hacen algunos comentaristas que la minería no genera empleo, es desconocer la realidad en Colombia y en el mundo, repitiendo frases, sin respaldo estadístico. Se puede afirmar de paso, que la minería genera salarios y otras actividades pagan jornales, enorme diferencia en términos de seguridad social y equidad”, enfatiza.

A lo anterior, agrega que Antioquia debe buena parte de su desarrollo económico y fabril, esta enraizado en la minería. “No tener memoria, olvidar que existe una dotación natural que le da vocación minera al territorio, no es una buena forma de abordar el futuro” (ver gráfico).

Un Voto de confianza en la minería

Rafael Roldán, presidente de la Asociación de Profesionales del Sector Minero de Colombia (AIMC), sostiene que proyectos como Quebradona se constituyen en un extraordinario descubrimiento, por su potencial riqueza.

“Es un hallazgo de talla mundial que está en manos de una multinacional que tendrá que mejorar su estrategia de trabajo, y en particular, en lo que se refiere a la parte socioambiental para generar la confianza suficiente en las comunidades para sacar adelante esa iniciativa”, menciona el experto minero.

Adicionalmente, asegura que la ingeniería y la tecnología actuales permiten explotar estos recursos cumpliendo estándares internacionales y sin afectar el medio ambiente.

Por su parte, Sergio Soto, director de la Federación Nacional de Comerciantes en Antioquia (Fenalco), estima conveniente aprovechar el potencial de un macroproyecto de esta envergadura. “Creemos que tenemos un cuarto de hora oportuno, estratégico y si hay riqueza hay que sacarle provecho en beneficio de las comunidades ubicadas en el área de influencia”.

Aboga porque se garantice el estricto cumplimiento del marco normativo que rige para ese tipo de explotaciones, y añade que esta puede constituirse en una fuente de generación de empleo y en un dinamizador del pago de impuestos. “No permitir un proyecto de esta naturaleza iría en contravía de la obtención de recursos para suplir una serie de necesidades que tiene el país”.

La perspectiva que plantea el sector oficial

La presidente de la Agencia Nacional de Minería (ANM), Silvana Habib Daza, resalta que la empresa que está detrás de la iniciativa viene haciendo un trabajo con la comunidad en el que es clave la información que suministra.

“Ese es un elemento necesario para la toma de decisiones, y esta compañía tendrá que ser muy juiciosa, para obtener el licenciamiento ambiental y demostrar que verdaderamente va a cumplir todos los estándares, que es lo que le preocupa al municipio”.

Para Alexánder Zuluaga, alcalde de Támesis, el tema es complejo y genera unas tensiones fuertes. “Cuando llega un proyecto tan grande, con inversiones superiores a los 800 millones de dólares, termina desconfigurando un territorio que tiene unas potencialidades propias e innatas con las que tienen una capacidad de desarrollo. Creo que la minería no es mala per se, es necesaria e importante, pero lo que queremos plantear es dónde es pertinente ejecutarla y en qué condiciones se debe hacer”.

El mandatario local añade que en la provincia de Cartama, de la que hacen parte Támesis y Jericó, hay unas definiciones en lo ambiental, en lo agrícola, así como en biodiversidad y recursos hídricos, por lo que habrá que discutir su compatibilidad con el desarrollo minero.

El más reciente “Perfil socioeconómico de la subregión del Suroeste de Antioquia”, elaborado por la Cámara de Comercio de Medellín, explica que el desarrollo minero de la subregión está orientado a la explotación de carbón, y reconoce que las minas tecnificadas son escasas y predomina la explotación a pequeña escala.

El documento recoge cifras del Plan de Desarrollo 2012-2015 de la Gobernación de Antioquia, según las cuales el 7 % de la población minera corresponde a menores de 18 años y el 68 % de las minas no presenta planes de seguridad industrial.

“Por lo anterior, desde el 2017, nueve municipios del Suroeste (Támesis, Jericó, Urrao, Titiribí, Jardín, Tarso, Betulia, Concordia y Salgar) vienen protegiendo la tradición campesina, agropecuaria y turística de la zona montañosa del departamento, y mediante un acuerdo municipal prohibieron la minería de metálicos”.

No obstante, Chaparro llama la atención de un factor clave en el futuro progreso minero: los encadenamientos productivos. “No cabe duda, de que el llamado sector primario, demanda bienes y servicios que generan enlaces económicos y desarrollo productivo, que está motivado tanto por las necesidades de suministro del proyecto como por la iniciativa de emprendedores”, concluye.

El Colombiano

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